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El Campus Gutenberg pide acceso universal a la información científica

En la actualidad, se calcula que más del 60% de los artículos de una disciplina determinada no se pueden reproducir. “Esto es algo que deberíamos cambiar”, lamentó Ignasi Labasitida, doctor en física, durante la mesa redonda ¿Qué ocurre si la ciencia no es reproducible?, celebrada el pasado 18 de septiembre en el marco del Campus Gutenberg en la Universitat Pompeu Fabra en Barcelona.

El auditorio BSM de la UPF fue el escenario elegido para la mesa redonda ¿Qué ocurre si la ciencia no es reproducible?, moderada por Cristina Ribas, directora de comunicación digital de l’Ajuntament de Barcelona y presidenta de l’Associació Catalana de Comunicació Científica. Una mesa redonda que contó con la participación de Ignasi Labasitida, doctor en física y responsable de la Oficina de Difusión del Conocimiento y de la Unidad de Investigación del CRAI de la Universidad de Barcelona y Simona Levi, directora de teatro, dramaturga, estratega tecnopolítica y artista multidisciplinar. Labasitida fue el primero en dar respuesta al tema principal de este foro al afirmar: “La ciencia lo es si se puede reproducir”.

Compartir datos, software y metodología

Labasitida, también líder del proyecto Creative Commons en nuestro país, criticó que los investigadores actuales, dentro y fuera de España, le dieran más importancia al hecho de publicar y avanzar en su carrera en lugar de comunicar resultados veraces y comprobables, poniéndolos al alcance de colegas y partners. En concreto, pidió prudencia con cualquier contenido open, ya que la ciencia debe ser accesible y ampliamente reutilizable, en su opinión. “Ya no se trata únicamente de publicar un artículo, sino de compartir unos datos comprensibles y reproducibles. Y puestos a pedir, lo ideal sería intercambiar también todo tipo de metodología y software”, recalcó.

¿Y qué hacemos con los resultados negativos? Ese es otro problema “añadido”, según el responsable de la Oficina de Difusión del Conocimiento y de la Unidad de Investigación del CRAI de la Universidad de Barcelona. Para Labasitida es básico contar con los recursos necesarios para publicar también estos resultados negativos y evitar que otros investigadores tropiecen con los mismos obstáculos que nosotros. De este modo, se evitará que abran vías de investigación que, de antemano, no les llevarán a ninguna parte.

El dilema del copyright

Por su parte, Levi abordó el tema del copyright, apostando por un equilibrio entre los derechos de los inversores en investigación y el derecho de acceso a la cultura y el conocimiento por parte de la sociedad. “No sé si sabéis que gran parte del conocimiento científico ve la luz a través de revistas especializadas ‘cerradas’ que exigen suscribirse”, se quejó. “Se trata del copyright -continuó- llevado al extremo. Muchos científicos jóvenes no pueden continuar sus investigaciones porque no pueden acceder a informaciones ‘cerradas’ de otros colegas. Aun así, existen muchos movimientos activistas que se proponen liberalizar esa información, siendo el caso del desaparecido Aaron Swartz el más conocido. Este activista y programador estadounidense fue acusado de descargar 4,8 millones de artículos y otros documentos de la base de datos de Journal Storage (JSTOR) con la idea de compartirlos, presuntamente, a través de portales de descarga gratuita. El acceso a este sistema de archivo online de publicaciones académicas se autoriza a editores, bibliotecas y universidades de cualquier punto del planeta, así como a los miembros de estas de manera gratuita. El resto acceden a los contenidos publicados mediante suscripciones de pago.

Marco legal

En el año 2011 se aprobó la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (ley 14/2011) dirigida a los investigadores que reciban fondos de los Presupuestos Generales del Estado. La ley exige colgar una copia de cualquier artículo en un plazo no superior a los 12 meses, desde la fecha de publicación, en un repositorio, facilitando el acceso al público. “El problema reside en que los investigadores no conocen la Ley, ni las obligaciones que comporta”, lamentó Labasitida.

¿Y en cuanto a los proyectos europeos? Desde el año 2014, los investigadores que hayan publicado los resultados de cualquier investigación, financiada por la UE, deben colgar una copia de la misma en un repositorio, entre seis, en el caso de proyectos vinculados a la medicina, la ingeniería, las matemáticas y las ciencias experimentales, y doce meses. “Es importante que los investigadores recapaciten y sean conscientes de sus obligaciones, aunque tengan mucho trabajo”, insistió. El gran debate del sector plantea si son necesarias las revistas, cuando empiezan a ganar usuarios ciertas plataformas online, como Wellcome Open Research, donde no es obligatorio publicar en abierto, aunque sí aconsejable.

A continuación, se inició un turno de ruegos y preguntas donde participó el público presente, en su mayoría investigadores, científicos y prensa especializada. La sesión finalizó con la sugerencia de Cristina Ribas, directora de comunicación digital de l’Ajuntament de Barcelona, quien invitó a los comunicadores científicos a buscar alianzas con la sociedad civil, incluidos aquellos colectivos más activistas.

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