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Al cáncer donem-li recerca!

Uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres padecerá un cáncer en algún momento de su vida. Es un dato claro y contundente, que habla bien a las claras de la trascendencia de esta enfermedad. Entender los mecanismos que se encuentran detrás del cáncer es la principal arma con la que contamos para poder combatirlo. Y así lo entendió Dani Infante, promotor de la iniciativa Al cáncer donem-li recerca!, un evento de divulgación que tuvo lugar en Cosmocaixa, aprovechando el marco del Día Internacional del Cáncer Infantil el pasado 15 de febrero.

Infante es un estudiante de doctorado en óptica de 33 años, a quien se le diagnóstico un sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer raro y agresivo, a finales de 2016. Eso lo obligo a apartarse por un tiempo de sus estudios, pero una vez superada la enfermedad, este inquieto investigador se planteó sacar adelante esta jornada, con la que buscaba dar a conocer la relevancia de la investigación en la lucha contra esta enfermedad. El propio Dani Infante quiere ofrecer un ejemplo para aquellas personas que son diagnosticadas con esta enfermedad y demostrar que no nos podemos rendir. Sus experiencias las relata en un blog personal.

Jornada de divulgación completa

Fue una jornada con la que se quiso acercar al público general los diferentes avances que se están llevando a cabo en la investigación contra el cáncer y reunió a expertos de primera línea de diferentes campos de la oncología. Aunque antes, por la mañana, los alumnos de 2º ciclo de ESO de la escuela Tecla Sala de L’Hospitalet de Llobregat participaron en diferentes talleres en los que pudieron aprender cómo se extrae ADN, entender las mutaciones, aprender a encapsular un medicamento o saber de qué forma se puede usar la luz y las nanopartículas para curar el cáncer.

Luego, por la tarde, se celebró una mesa redonda que contó con la participación de Ana Vivancos, jefe del Grupo de Genómica del Cáncer y Alena Gros, jefe del Grupo de Inmunología Tumoral e Inmunoterapia, ambas del Vall d’Hebron Insituto de Oncología, Soledad Gallego, jefe de servicio de Oncohematología Pediátrica del Hospital Universitario Vall d’Hebron e investigadora principal del Grupo de Investigación Traslacional del Cáncer en la Infancia y la Adolescéncia del Vall d’Hebron Institut de Recerca, Romain Quidant, jefe del Grupo de Nano-óptica de Plasmones del Instituto de Ciencias Fotónicas y Òscar Martínez, jefe del Grupo de Investigación en Sarcomas del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge.

¿Qué es un sarcoma?

La mesa comenzó con la intervención de Òscar Martínez, que se encargó de explicar de forma sencilla en qué consisten los sarcomas, una gran familia de tumores con numerosos subtipos que se caracterizan todos ellos por afectar a los tejidos conjuntivos, a diferencia de los cánceres más conocidos. “Otra diferencia que dificulta el estudio de los sarcomas es que algunos son muy sencillos, afectando la mutación a pocos genes y se dan estos sobre todo a la población infantil. Sin embargo, entre los adultos el perfil de los sarcomas se vuelve mucho más complejo, modificando una gran cantidad del genoma”.

Martínez explicó cómo se están desarrollando en la actualidad los aptámeros, que permiten leer el ADN. “Se comportan como péptidos o anticuerpos, de forma que nos permiten identificar proteínas en las células tumorales. A partir de ellos es posible crear una llave y utilizar el aptámero para poder entrar en el interior de la célula y liberar una sustancia tóxica única y exclusivamente para esa célula tumoral” añadía, y explicaba como de esta forma se trabaja en tratamientos que son mucho más específicos y que tienen menos efectos secundarios para el resto de las células sanas del organismo.

El grupo de Martínez ha estado trabajando en el sarcoma de Ewing, una enfermedad muy rara y que por tanto había despertado poco interés de la industria farmacéutica. “Pero ahora que hemos demostrado que hemos encontrado la llave para el tratamiento de este tipo de tumor, es posible abrir el campo y aplicarlo a otros tumores de la familia de los sarcomas. Así se conseguiría poder tratar un abanico mucho más amplio de tumores que se puedan beneficiar de esta nueva aproximación”.

Las posibilidades de la biopsia líquida

Ana Vivancos fue la quién se encargó de explicar en qué consistía la biopsia líquida y cuáles son las nuevas puertas que ha abierto en la lucha contra el cáncer, así como ha permitido avanzar en la comprensión a nivel molecular del cáncer. El diagnóstico precoz, el seguimiento de la evolución de la enfermedad o la comprobación de la respuesta a los tratamientos son algunas de las aplicaciones que se le pueden dar a la biopsia líquida. “Hay que entender que muchos pacientes no son biopsiables mediante técnicas de extracción de tejidos. Y luego hay otros a los que el procedimiento les resulta muy invasivo y puede ocasionar complicaciones. Para la biopsia líquida solo es necesario una extracción de sangre, por eso resulta muy útil para monitorizar al paciente” explicaba Vivancos.

“No estamos cambiando lo que miramos, sino la forma en la que lo hacemos. Es cierto que ha sido necesario emplear algunas técnicas especiales, debido a la poca cantidad de ADN tumoral circulante, pero cada vez hay más hospitales y centros que disponen de herramientas para hacerlo y esto está suponiendo un cambio en la forma de abordar la enfermedad” continuaba. Además, señalaba que las aplicaciones para la detección precoz se presentan hoy en día como las que tienen más posibilidades en un futuro a largo plazo.

Nuevos tratamientos

Por otra parte, Alena Gros se encargó de explicar el otro gran avance en el tratamiento del cáncer: la inmunoterapia. En este abordaje lo que se busca es utilizar el propio sistema inmunitario para que identifique y ataque a las células tumorales. “Es un cambio paradigmático, porque con este abordaje no estamos tratando directamente al tumor, sino que lo que hacemos es reforzar el propio sistema inmunitario. La diana de los tratamientos ha cambiado, pero con un mismo objetivo: eliminar las células tumorales. La ventaja es que se trata de una terapia viva. Si reforzamos el sistema inmunitario, este nos acompaña el resto de nuestra vida y estará en alerta continua para atacar nuevamente a las células tumorales si estas regresan”. De esta forma, la inmunoterapia se ha convertido en uno de los abordajes más prometedores en los últimos años en el tratamiento del cáncer.

Para ello, resulta fundamental poder identificar biomarcadores que sean capaces de predecir que pacientes serán los que responderán mejor a estas terapias. De esta forma se avanza más en la personalización de los tratamientos, para conseguir la mejor respuesta posible y asegurar que cada paciente se pueda aprovechar al máximo de los avances en la lucha contra el cáncer.

Por su parte, Soledad Gallego habló sobre la medicina de precisión en cáncer pediátrico. El cáncer en niños y adolescentes tiene una incidencia muy baja, pero es una de las causas de mortalidad más importantes en estas edades. A pesar de los notables avances que se han producido en la curación de estas enfermedades en las últimas décadas, alrededor del 80% en nuestro entorno, aún hay un número significativo de niños con cáncer que no pueden curarse con los tratamientos actuales. “En los tumores con un pronóstico más desfavorable y en aquellos pacientes que no responden al tratamiento o tienen recidivas se requieren nuevas aproximaciones terapéuticas entre las que se encuentran la investigación de nuevos fármacos y la incorporación precoz de los resultados de las investigaciones en el laboratorio al tratamiento individual de cada paciente”.

La mesa se cerró con la participación de Romain Quidant, que explicó como se está utilizando la luz para el tratamiento del cáncer, y como gracias a las nanopartículas de oro es posible concentrar la luz y convertirla en calor, para de esta forma poder destruir de forma selectiva las células tumorales. Y no solo eso, sino que Quidant también explicó como se está trabajando para utilizar estás nanopartículas para hacer un screening previo, que luego debería ser ratificado con pruebas más sofisticadas. “Se trata de hacer una prueba rápida y de bajo coste que nos permita afinar mucho más hacia quien se destinan los programas de cribaje”, comentaba.

Sin embargo, todas estas aplicaciones todavía están en sus primeros compases, necesitando todavía mucha investigación para que puedan llegar a tener una aplicación terapéutica. “Tenemos que poder demostrar que podemos detectar determinados biomarcadores que podamos utilizar como dianas terapéuticas. Falta mucho trabajo por hacer todavía, ya que estas técnicas aún no han sido validadas con pacientes” explicaba Quidant, quien señalaba como se está buscando ahora sintetizar nanopartículas de oro, que inyectadas en el flujo sanguíneo y gracias a biomoléculas acaben de forma preferente en la zona del tumor.

El valor de la divulgación

La jornada resultó una excelente ocasión para demostrar como la divulgación de la ciencia también puede resultar atractiva. Acercar la investigación al público general ha de ser una de las prioridades a perseguir, para que de esta forma se puedan entender los beneficios que esta aporta a la sociedad, despertar vocaciones que ayuden a continuar con su progreso y poner en valor todo el trabajo llevado a cabo en los laboratorios. Los investigadores han de salir de sus torres de marfil en una nueva sociedad a la que ya no le vale con que le digan que se está investigando por su bien, sino que quiere implicarse y conocer los pasos que se están dando.

La divulgación científica ha sido durante mucho tiempo la hermana pobre de la investigación, pero las cosas están cambiando y eventos como este lo demuestran. Un auditorio lleno y comprometido con lo que investigadores de primer orden estaban explicando es una buena noticia. Hemos de seguir trabajando en este sentido para conseguir que más actos así puedan desarrollarse.

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