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Lo que la COVID-19 nos ha enseñado sobre los bulos

Los bulos en salud son un grave problema. Pueden hacer que los pacientes abandonen o retrasen tratamientos, perdiendo oportunidades terapéuticas. Y también motivan que se tomen sustancias que no siempre son inocuas. Así mismo, dañan la confianza de la población y generan incertezas que pueden acabar provocando ansiedad y malestar emocional. Si los bulos son siempre peligrosos, los bulos sanitarios son todavía más dañinos.

Esto motivó que algunos profesionales sanitarios y comunicadores decidieran poner en marcha una plataforma que ayudara a combatirlos. Así nació #SaludsinBulos, una iniciativa que busca responder a muchas dudas de la población con evidencias científicas y desmontar estos peligrosos bulos. Recientemente ha tenido lugar el II Congreso #SaludsinBulos, que se ha celebrado de forma virtual por las restricciones debidas a la pandemia de la COVID-19.

Y precisamente esta enfermedad ha tenido un papel destacado. Estamos viviendo un año en el que todas nuestras vidas giran en torno a la COVID-19 desde marzo, y los bulos no son una excepción. Lo novedoso en esta ocasión es que hemos podido asistir y ver cómo han ido evolucionando estos bulos desde cero. Un aprendizaje valioso para entender los mecanismos que hay detrás de la desinformación, y del cual hay que tomar importantes lecciones de cara al futuro.

En Galènia siempre hemos sido muy sensibles ante la desinformación y los bulos en salud. Como agencia de comunicación enfocada en la divulgación de la ciencia, entendemos la importancia de trasladar los conocimientos a la población de una forma asequible y, al mismo tiempo, asumimos el compromiso ineludible de combatir los bulos. Nuestra directora, Margarida Mas, ha participado, tanto en representación de Galènia como de la Delegación en Cataluña de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), en diferentes ponencias, mesas redondas y debates sobre este tema.

Algunos artículos publicados en nuestro blog han profundizado en la temática, como por ejemplo:

La falta de información genera desinformación

Puede parecer algo obvio, sin embargo la desinformación no solo es falta de información. Hay bulos que lo que buscan es cubrir precisamente esta falta y hacerlo de una manera que genera un falso conocimiento. En los primeros compases de la pandemia de la COVID-19 había muchas incertezas, la comunidad científica se enfrentaba por primera vez con un nuevo virus y sobre la mesa solo había hipótesis. Esto se vio trasladado precisamente a los primeros bulos que se generaron y se pudo ver cómo, a medida que la ciencia iba desvelando las incógnitas, esta desinformación buscaba nuevos derroteros.

El origen artificial del virus SARS-CoV-2 fue el bulo que más se propagó en los momentos iniciales de la pandemia y, aunque su frecuencia ha ido remitiendo, sigue apareciendo de forma periódica, una característica clave de los bulos. Pero, una vez que hubo más y más evidencias que apuntaban en otras direcciones sobre el origen del virus, los nuevos bulos empezaron a centrarse en los tratamientos y medidas para la prevención. La penúltima de las olas de bulos ha puesto el foco en las vacunas.

Desirée García, responsable de EFE Verifica, explicó cómo surgen ahora nuevas temáticas: “Estamos identificando nuevos bulos sobre el uso de las mascarillas y negacionistas de la pandemia, que la califican como ‘plandemia’ de las élites gobernantes”. No solo se ha producido una evolución en los temas abordados, sino que también se ha producido una sofisticación, como exponía Irene Larraz, redactora del equipo de fact-checking de Newtral: “Cada vez utilizan más terminología médica, para conseguir una mayor justificación, además de hacerse más complejos, basándose los nuevos bulos en bulos antiguos ya desmentidos”.

Sobre esta sofisticación de los bulos en materia de salud también incidió Juan Gómez, investigador y profesor titular de la Universidad de Granada, quien también apuntó hacia la búsqueda de figuras de autoridad que sustenten los bulos: “Y esto a veces se hace falsificando incluso al emisor del mensaje. Se busca que el bulo esté respaldado por personal sanitario para superar las reticencias de la audiencia”. Ricardo Mariscal, responsable de Relaciones Institucionales del Instituto #SaludsinBulos, apuntó también a la estrategia de emplear a presuntos médicos, y cómo estos bulos apelan al miedo de las personas para ser más creíbles: “El problema es que cuestionan medidas de prevención y su resultado puede tener consecuencias en la salud de las personas”.

Las consecuencias de la desinformación

Una mala información bien preparada puede lograr mucho más impacto que una buena información. ¿Hasta qué punto supone esto un problema de salud pública? “Supone un riesgo importante porque genera desconfianza entre la población y hace que no se tomen muchas veces medidas adecuadas, perdiendo oportunidades terapéuticas y generando movimientos antisolidarios como pueden ser los antivacunas”, empezó explicando María Rosa Arroyo, vicesecretaria del Consejo General de Colegios Oficiales Médicos.

De igual manera se expresó Ana López-Casero, tesorera del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos: “Los bulos son un auténtico peligro de salud pública y todos deberíamos trabajar conjuntamente para combatirlos. La información rigurosa se convierte en una herramienta terapéutica importante y hemos de ser capaces de que el paciente entienda su enfermedad y sepa manejarla”.

“No se puede evitar que el paciente busque información en internet. Lo que hay que hacer es dirigir esta búsqueda y en esto deben jugar un papel importante los profesionales sanitarios”, explicaba María Gálvez, directora general de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, incidiendo en cómo la desinformación acaba generando confusión y desconfianza y es más fácil acabar cayendo en búsquedas sin evidencias. Silvia Carrascal, presidenta del Observatorio Europeo de análisis y prevención de la Desinformación (ObEDes) incidió también en la importancia de la formación y en incrementar la confianza en los expertos: “Las redes sociales deben ser usadas también para contrarrestar los bulos y para eso es fundamental un trabajo alineado de universidades, centros educativos y empresas. Al final hemos de ser capaces de transmitir la idea de la importancia de ser críticos con la información antes de compartirla”.

¿Cómo luchar contra los bulos de la COVID-19?

Las recetas propuestas por los expertos para controlar los bulos sobre la COVID-19 no difieren mucho de las que hay para combatir esta desinformación en general. Desirée García apuntó cómo extraer algunas enseñanzas positivas de esta pandemia: “Estamos aprendiendo a reflexionar antes de compartir un mensaje. Parece que la desinformación se está espaciando, cuando la sensación de alarma disminuye también. En un primer momento la gente estaba ávida de información y eso hacía que la viralización fuera más rápida”.

La aparición de algunos personajes famosos, con muchos seguidores, difundiendo algunos bulos también es un factor que ayuda en la propagación. Pero algunas veces es el propio entorno familiar y más cercano el que se convierte en cooperador involuntario. “Puede haber una buena intención, pero antes de compartir cualquier información es preciso contrastarla antes. Cuando nos llegan mensajes de nuestro entorno más cercano, de alguna manera bajamos nuestras alertas y es más fácil acabar cayendo en un bulo”, explicó Ricardo Mariscal.

La importancia de la lectura crítica

Lo que parece más evidente es que la educación es en la actualidad la mejor herramienta para poder combatir todos los bulos en salud. “Pero esta educación tiene que empezar en las propias facultades de Magisterio. Hemos de hacer un esfuerzo por educar a los educadores”, explicó José Miguel Mulet, investigador y divulgador científico, que comentó como, en su labor de divulgación en centros educativos, se encontró muchas veces que eran los propios profesores los que debatían más fuerte. “En los libros de texto me he encontrado muchas veces con bulos”.

Ricardo Reolid, médico de familia e impulsor del proyecto Pacientes 3.0, coincidía en parte con las ideas expresadas por Mulet: “No se está haciendo una formación adecuada en la Universidad para profesionales de la salud, para que estos puedan ayudar y guiar a sus pacientes hacia lugares en los que encontrar información fiable sobre salud”. David Callejo, médico anestesista y divulgador científico, apuntó también en esta dirección: “Nos hace falta formación y nos hace falta cultura crítica. Hay que entender que la tontería más grande puede convertirse en un bulo en minutos. La lectura crítica es fundamental”.

José Miguel Mulet consideró importante también esta formación en la lectura crítica, atendiendo sobre todo a la constante aparición de nuevos bulos: “Se trata de un campo muy cambiante y de poco serviría enseñar hoy cuáles son las pseudoterapias que hay cuando mañana habrá otras nuevas. Lo que hay que hacer es enseñar a filtrar la información. En las redes no todo es fiable, esto es lo que hay que enseñar”.

Para esta importante labor de formación también es necesario una vez más el trabajo cooperativo, como no dudó en resaltar Alfredo Corell, inmunólogo y catedrático en la Universidad de Valladolid: “Muchas veces intentamos hacer la guerra por nuestra cuenta y no hay sinergias. La colaboración entre el profesional sanitario y los pacientes es el camino que tenemos que seguir explorando para combatir mejor a los bulos en salud”. Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, también insistía en esta colaboración: “Hay que tener en cuenta a los pacientes para saber cuáles son sus opiniones. Todos podemos acabar picando en algún bulo. La alfabetización digital es fundamental para conseguir que esto no suceda tanto”.

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