Go to Top

Una carrera contrarreloj: el desarrollo de las vacunas contra la COVID-19

La aparición de una enfermedad nueva e imprevisible causada por un virus tomó al mundo por sorpresa y con desconcierto. Sin embargo, de lo que no cabía duda era de que la comunidad científica debía y podía asegurar una respuesta rápida tanto en cuanto a tratamientos para combatirla como a una vacuna para prevenirla.

La COVID‑19 es la enfermedad infecciosa causada por una nueva variante del coronavirus, el SARS-CoV-2.  Los coronavirus, antiguos conocidos descubiertos durante la década de los 60, provocan desde resfriados hasta enfermedades respiratorias graves. Las primeras aproximaciones médicas para luchar contra la nueva COVID-19 se centraron en el tratamiento de una enfermedad que causaba estragos. En España durante el mes de abril de 2020, se reportaban un total de 15.000 muertes, tan solo dos meses después de anunciarse la primera muerte a causa de la enfermedad el 13 de febrero en Valencia.

Empieza la carrera por la vacuna

Estaba claro que debían ponerse en marcha todos los mecanismos para poder lograr una vacuna en el menor periodo de tiempo. Esto implicaba varios desafíos: por una parte, lograr la fórmula ganadora que permitiera doblegar al virus; por otra, hacerlo de una forma rápida y expeditiva acortando los trámites burocráticos que permitieran desde la autorización de ensayos clínicos hasta su aprobación para uso humano, y finalmente, el que se pudiera garantizar su producción a gran escala.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en diciembre de 2020 se estaban investigando más de 200 vacunas experimentales para luchar contra la enfermedad, de las cuales aproximadamente 52 estaban en la fase de ensayos con humanos.

Es un enorme esfuerzo el que implica el dar el visto bueno a una vacuna ya que es necesario que atraviese diferentes fases de investigación. Desde ensayos preclínicos con los que los investigadores prueban la nueva vacuna en células y luego en animales para detectar si produce respuesta inmunitaria, hasta ensayos de seguridad en Fase 1, Fase 2, en Fase 3 que es cuando se administran a miles de personas para probar su tasa de eficacia.

En el caso de las vacunas, además, se da la llamada Autorización Anticipada, previa a la autorización final, con la que los responsables sanitarios de los países emiten una autorización de emergencia basada en pruebas preliminares.

Es, además, común que se suelan combinar fases de investigación con el objetivo de acelerar el proceso. Y finalmente, si la vacuna provoca síntomas o efectos secundarios importantes, el ensayo es pausado o abandonado. 

Una carrera de fondo con claros ganadores

En el caso concreto de las vacunas se pueden distinguir tres mecanismos para su fabricación:

  1. La utilización del virus o bacteria íntegros.
    1. Estas pueden ser INACTIVADAS: se aísla el virus o uno parecido para inactivarlo o destruirlo utilizando sustancias químicas.
    2. ATENUADAS: se utilizan los virus patógenos o parecidos, se mantienen activos pero debilitados.
    3. BASADAS EN VECTORES VÍRICOS: se utiliza un virus inocuo para transportar proteínas que provoquen una respuesta inmunitaria.
  2. El empleo de fragmentos que provoquen una respuesta del sistema inmunológico.
  3. Finalmente se hace uso solamente del material genético como el ADN o ARN para inducir la fabricación de proteínas específicas.

Afortunadamente, en la carrera por la vacuna contra la COVID-19 han sido muchas las aproximaciones en la búsqueda de una respuesta. Los que han cruzado primero la meta ya producen millones de dosis para la población en general.

Las finalistas de esta carrera de fondo están siendo:

Genéticas

  • Pfizer- BioNTech: su anuncio el 9 de noviembre abrió la puerta a la esperanza y a las que quedaban por venir. Se requieren dos dosis y debe conservarse entre –25°C y –15°C. Tiene un 95% de eficacia.
  • Moderna: Autorizada por la Federal Drug Authority (FDA) como uso de emergencia el 18 de diciembre. Se administra en dos dosis y su conservación implica 30 días en refrigeración y 6 meses a – 20°C. Ha demostrado un 94,5% de eficacia.

Con vectores víricos

  • Sputnik: Creada por el Instituto de Investigación de Gamaleya del Ministerio de Salud de Rusia, publicó los resultados del ensayo en Fase 3 el pasado febrero. De administración en dos dosis, se debe conservar en nevera y tiene una eficacia del 91,6%.
  • Oxford-Astra Zeneca: el primer paper sobre su posible eficacia se publicó el pasado diciembre. Consistente en dos dosis, se conserva en nevera por seis meses y ha demostrado una eficacia del 82,4%. Sin embargo, ha estado rodeada de polémica debido a episodios de trombosis sufridos por personas a las que se ha administrado la primera dosis.
  • Johnson & Johnson-Janssen: Aprobada por la FDA el 27 de febrero, tiene la gran ventaja de que su administración es de una sola dosis. Se puede conservar congelada más de dos años a –20° C y en nevera más de tres meses entre 2–8° C.

Inactivadas o atenuadas contra el coronavirus

  • De nombre BBIBP-CorV y con una eficacia del 79,34%, la vacuna producida por el Beijing Institute of Biological Products ya es utilizada en China, Bahrain y los Emiratos Árabes Unidos. Al igual que la mayoría deben emplearse dos dosis.

Es a la vez abrumador y esperanzador hacer un repaso por el listado de vacunas en fase de preparación. Las que hemos incluido aquí son solo un reducido grupo y son aquellas cuyos nombres nos son familiares. Nunca antes la comunidad médica y científica había invertido tantos esfuerzos en conjunto y con un objetivo común. Es un hito, además, haberlo hecho en tan corto tiempo.

Share Button