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La COVID-19 ha puesto de manifiesto las debilidades de la sanidad española

Para hablar sobre la huella que la COVID-19 dejará en España, la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS) llevó a cabo el pasado 2 de marzo un nuevo debate dentro de su ciclo “Observatorio COVID-19 ANIS”. El evento, titulado “Pacientes No COVID-19: la huella sanitaria que está dejando la pandemia”, tuvo como objetivo aclarar cuál es el panorama que podría encontrarse la sanidad pública una vez descienda la presión por la COVID-19 y qué acciones se podrían llevar a cabo para abordar esta situación.

La actividad reunió a una serie de expertos, entre los que se encontraban representantes de sociedades médicas y asociaciones de pacientes, así como informadores, quienes empezaron señalando que la pandemia ha desvelado los problemas que el sistema sanitario español viene arrastrando desde los años de la crisis.

“Se están viendo pacientes a los que no se ha diagnosticado a tiempo una enfermedad grave como un cáncer y que han fallecido sin haber sido vistos por un especialista, pacientes que siguen sin poder conseguir una cita presencial en un centro de atención primaria o que esperan una operación postergada una y otra vez. Hay toda una serie de patologías que los sanitarios denominan No COVID-19, pero de cuya falta de diagnóstico y tratamiento sí sería responsable la COVID-19”, señaló Isabel López Gordo, vocal de la junta directiva de ANIS.

Es ampliamente conocido que la pandemia de la COVID-19 ha supuesto un duro reto para los sistemas sanitarios de todo el mundo, no solo por la mortalidad directa debida a la enfermedad, sino también por el efecto que ha tenido en otras patologías, que han visto como sus diagnósticos se retrasaban y sus tratamientos se veían aplazados.

María Isabel Portillo, médico de Medicina Preventiva y Salud Pública y coordinadora del Grupo de Trabajo de Cribados de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), explicó que “presumíamos de un sistema de salud muy bueno cuando en realidad estaba cogido por los pelos, consecuencia de una gran desinversión en salud pública. La llegada de la pandemia nos ha pillado en un momento terrible, con recursos muy escasos”.

Esta escasez se ha agravado en las patologías No COVID-19, que han visto como se dirigían todos los esfuerzos en controlar las consecuencias derivadas de la pandemia, aunque Álvaro Rodríguez-Lescure, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), señaló que es importante un buen análisis para intentar reconducir la situación: “El secuestro de recursos de la COVID ha sido asimétrico. Ahora hay que salir del estado de shock en que llevamos desde hace once meses y hacer un análisis de la situación en que ha quedado cada área de salud para empezar a equilibrar los recursos, sabiendo exactamente qué se ha dejado de hacer y qué es necesario retomar”.

Los problemas de las enfermedades minoritarias

Sin duda uno de los colectivos que más se han visto afectados ha sido el de pacientes con enfermedades minoritarias, que ya estaban en una situación muy precaria antes de la llegada de la pandemia, como apuntó Isabel Roig, cuidadora de un paciente de ELA: “Yo no sé lo que son cuidados paliativos y llevo cuidando de mi marido con ELA desde hace 19 años. La salud pública estaba muy deteriorada y todo esto ha puesto de relieve sus deficiencias. Para poder salir adelante es necesario un cambio de chip y entender que la investigación no es un gasto, sino una inversión”.

También Begoña Barragán, paciente oncológica y presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), incidió en apuntar que la pandemia de la COVID-19 no tiene la culpa de todo: “No podemos pretender tener profesionales de primera a precio de saldo. La sanidad es algo en lo que es prioritario invertir y hacerlo pensando a largo plazo, no pensando solo en los próximos cuatro años de un mandato político”.

Para Ángel Cequier, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), lo importante ahora es planificar el futuro, y para hacerlo es fundamental un buen análisis que nos permita entender dónde estamos y adónde queremos llegar: “La situación es reversible, pero hay que tomar medidas. Tenemos que saber qué sistema sanitario queremos para las próximas dos décadas, y para eso solo tenemos que mirar a nuestro alrededor para saber en qué países se ha sabido gestionar mejor todo el problema derivado de esta pandemia”.

En este sentido, todos los expertos coincidieron en que la principal clave que se ha de tener en cuenta a la hora de rediseñar el sistema sanitario es garantizar sobre todo la equidad en el acceso. “La COVID ha aumentado las diferencias y ha atacado más fuertemente a las personas más vulnerables. Hay que reestructurarlo todo para que no se produzca la situación de que solo las personas con recursos puedan acceder a los tratamientos y pruebas que necesitan”, apuntó María Isabel Portillo.

La telemedicina no es una llamada telefónica

Durante la primera oleada de la pandemia, la necesidad de reducir al mínimo la presencia de otros pacientes en los centros de atención primaria y hospitalaria motivó que se cancelaran prácticamente todas las visitas presenciales. Se habló entonces de que la telemedicina sería una solución que vendría para implantarse. “Pero la telemedicina es algo más que una llamada de teléfono. Esto ha servido en un momento puntual, pero la telemedicina es algo mucho más complejo, señaló Álvaro Rodríguez-Lescure.

En esta apreciación coincidió Ángel Cequier, quien apuntó también como es necesaria una mayor inversión tecnológica para realmente aprovechar las ventajas que este tipo de atención puede ofrecer: “Además es importante definir claramente qué tipo de paciente puede beneficiarse y cuál no, ya que no sirve para todos por igual”. Begoña Barragán también apuntó en este sentido la necesidad de mejorar las infraestructuras de comunicación en el mundo rural para plantearse la telemedicina como una solución al problema del acceso equitativo.

El cansancio de los profesionales

Toda la situación de la pandemia ha generado una gran tensión en los profesionales sanitarios, que han tenido que lidiar durante todo un año con ella, viendo como se tensionaba enormemente el sistema. “Lo más difícil para nosotros es asumir que hay determinados colectivos que pasan de las medidas preventivas. Ves a gente sin mascarillas o que no cumplen con la distancia social y eso es uno de los factores que inciden en la sobrecarga de los profesionales sanitarios”, apuntó Ángel Cequier.

Por su parte, María Isabel Portillo también señaló que otro condicionante ha sido la irresponsabilidad en la toma de decisiones: “Lo primero de todo tiene que ser la salud, sin ella no hay nada más. Y en base a eso debemos tomar medidas claras, con criterios sanitarios y no políticos. Si no bajan los contagios, no podremos recuperar las consultas, aunque queramos”.

Observatorio COVID-19 ANIS

Este debate forma parte del ciclo informativo y de análisis que ha venido organizando ANIS desde el inicio de la pandemia bajo la denominación “Observatorio COVID-19 ANIS”. Los tres primeros debates que se organizaron fueron:

Sobre la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS)

La Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) es la asociación de periodistas sanitarios y profesionales de la comunicación en salud de España. Fue creada en 1994 y cuenta con 700 asociados: periodistas especializados en salud de todo el país, con representantes de todos los soportes existentes (prensa, radio, televisión e internet) y pertenecientes tanto a la prensa generalista y especializada como de difusión nacional y local.

También aglutina a los representantes de la comunicación de servicios y centros sanitarios, instituciones, entidades y empresas sanitarias, así como agencias de comunicación. Además de periodistas y comunicadores, integran esta asociación numerosos profesionales de todos los sectores sanitarios, como médicos, enfermeros o farmacéuticos.

Sus principales objetivos son defender los derechos de sus asociados, fomentar la formación continua y velar por la ética profesional.

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