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Un repaso a 600 días de pandemia

Cuando, en diciembre de 2019, se identificó un brote epidémico de neumonía de causa desconocida en la ciudad china de Wuhan, muy pocos podían imaginarse que estábamos en los inicios de una pandemia que pondría en jaque a todo el mundo. Era el inicio de la covid-19, causada por el virus SARS-CoV-2, que sería secuenciado poco tiempo después. El 31 de enero de 2020 se diagnosticaba el primer caso en España, y el 13 de febrero se comunicaba el primer fallecimiento causado por el virus. Su rápida expansión obligó al Gobierno español a decretar el estado de alarma en todo el territorio el 14 de marzo.

Tras más de 600 días haciendo frente a esta enfermedad, hemos aprendido muchas cosas sobre ella, aunque todavía quedan importantes interrogantes por resolver. El desarrollo de diferentes vacunas supuso un hito importante en la historia de la pandemia, que, sin embargo, no ha significado, ni mucho menos, su punto final. La Fundació Vila Casas, en colaboración con el Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, organizó un debate –enmarcado en el Proyecto Quiral– para hacer tanto un balance de lo sucedido todo este tiempo como para plantear posibles escenarios de futuro. Contó con la participación de Carmen Cabezas, secretaria de Salud Pública de la Generalitat de Cataluña, y con Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiológica del Hospital Clínic de Barcelona.

El Proyecto Quiral se basa en un enfoque temático centrado en cuestiones emergentes y estratégicas desde el punto de vista médico. Se incluye como parte del proyecto la realización del Informe Quiral, con el que se analiza la transmisión que los medios de comunicación realizan del conocimiento médico y de salud a la sociedad.

Cada año se centra en una temática concreta y, como no podía ser de otra forma, el informe de 2020 estuvo centrado en la pandemia de covid-19, y dio como resultado el documento titulado Evolución de la comunicación y la percepción de la pandemia de covid-19, presentado el pasado mes de septiembre.

Una crisis sanitaria que es también social

 En el debate anteriormente mencionado, se comentó la necesidad manifestada por muchos expertos de emplear un término menos conocido para hacer referencia al impacto social que una pandemia de estas características puede tener; le denoninan sindemia, pero ¿cuál es la diferencia? Radica en que se tienen también en cuenta las características sociales de las personas, algo que quedó patente en esta crisis sanitaria, como explicó Carmen Cabezas. “Esta enfermedad infecciosa afecta de manera desigual a las personas según su nivel socioeconómico y sus determinantes de salud y sociales. Hemos visto, por ejemplo, que en las primeras olas esta afectación era muy desigual según la clase social de las personas, y que afectó también más a las personas más vulnerables y mayores de nuestra sociedad.”

Estos condicionantes sociales que han influido en el desarrollo de la crisis sanitaria han puesto sobre la mesa la importancia de entender la salud como un eje transversal que se tenga en cuenta en todas las políticas. La sanidad no debe ser cuestión solo de los profesionales sanitarios, sino que otros sectores también deben implicarse en la aplicación de las medidas que ayuden a contener la diseminación del virus. “Hemos visto la necesidad del trabajo intersectorial, con la implicación del sector de la educación, de las residencias o del ocio nocturno, para intentar crear entornos y lugares seguros. Eso es imprescindible si queremos salir de esta situación, ya que necesitamos a toda la sociedad para aplicar las medidas precisas, y no solo hemos de convencer a la gente de que se ponga la mascarilla, sino que, además, ha de ser accesible para cualquier persona”, incidió Carmen Cabezas durante su presentación.

Muchas incertezas que impactaron en la gestión

Ante una nueva enfermedad, de la que se dispone de escasa o nula información, el discernir la información de valor entre una avalancha comunicativa supone un reto. Según datos de la revista Nature, durante los diez primeros meses de la pandemia se habían publicado 200.000 artículos científicos, o, lo que es lo mismo, 20.000 artículos al mes. “Eso no hay nadie que sea capaz de digerirlo. Se trata de una pandemia con exceso de información, tanto científica como científica no totalmente contrastada. Y, por supuesto, mucha pseudociencia también”, destacó Antoni Trilla.

A pesar de todo este volumen de información, gracias al trabajo de innumerables equipos de investigación de todo el mundo, la palabra que más ha podido definir los primeros compases de la pandemia no es otra que incerteza. “Esta situación de ir aprendiendo del virus y su comportamiento poco a poco ha hecho que en muchas ocasiones hayamos tenido que actualizar los programas y los planes de actuación. Recuerdo que, en sus inicios, el número de actualizaciones era altísimo, y cada semana había novedades y el personal sanitario tenía que aprender nuevas cosas”, apunta Carmen Cabezas.

Esta situación de no saber muy bien cómo actuaba el virus supuso un importante estrés para todo el mundo, pero, si cabe, más todavía para los profesionales sanitarios que estaban en primera línea. A eso se añadía una importante falta de recursos, sobre todo en los primeros meses, como señaló la propia Carmen Cabezas. “Esto debe ser un aprendizaje clave para ver que los servicios y los recursos que teníamos eran insuficientes para abordar una crisis como esta. Vimos que nuestro sistema estaba diseñado para un estado habitual, no para atender esta irrupción de enfermos con el potencial endémico como el que tenía el virus.” Cabezas recordó también la crisis generada por la gripe A en 2009, en la que, aunque se temían una situación grave, al final su afectación quedó bastante reducida, destacando que es la primera vez que nos enfrentábamos con una situación como esta. “Hemos visto que hay que potenciar e invertir en salud, lo que incluye la ciencia y la salud pública, con presupuestos mayores y más profesionales de salud pública.”

El impacto en la salud mental: una consecuencia a largo plazo

Los expertos reunidos en el Debate Quiral también quisieron señalar cómo esta pandemia tendrá efectos a largo plazo. Uno de los más evidentes es la afectación que ha supuesto para la salud mental de todos, especialmente de los profesionales sanitarios. “Tenemos a los profesionales cansados, fatigados y desencantados, muchos de ellos afectados por el síndrome de burnout. Hemos de tener en cuenta que nos encontramos con un sistema de salud que estaba y está más estresado después de unos tiempos de adelgazamiento por restricciones económicas y de personal”, destacó Antoni Trilla.

Por su parte, Carmen Cabezas explicó que la necesidad de aumentar las distancias sociales para contener la pandemia ha incidido directamente en la salud mental, afectada también por otros factores. “Hay que pensar que durante mucho tiempo, durante esta pandemia, hemos tenido un estrés laboral enorme, ligado a una sobrecarga de trabajo y a tener que hacer frente a una situación de incerteza.” Pero, además de la afectación de la salud mental y emocional de las personas, también habrá un empeoramiento de algunas enfermedades crónicas, motivado por la necesidad de volcarse durante un tiempo en la contención de la pandemia, lo que supuso dejar de lado actuaciones preventivas y obligó, entre otras cosas, a detener muchos programas de cribado.

Vacunas sí, medidas de protección también

El desarrollo de las vacunas en un tiempo récord, que ha sido posible gracias al esfuerzo conjunto de investigadores, farmacéuticas y entidades reguladoras, ha supuesto un éxito en la lucha contra la covid-19, pero no ha significado ni mucho menos el final de la pandemia. “Ninguna vacuna es efectiva al 100%, pero estas son muy efectivas en el momento de prevenir los casos graves y críticos”, apuntó Carmen Cabezas, quien reconoció que era posible contagiarse a pesar de estar con la pauta completa de vacunación. “Pero, por ejemplo en personas de 60 a 79 años, los datos muestran que hay un 17% más de probabilidad de hospitalización en los no vacunados, y que una persona mayor de 50 años no vacunada tiene cinco veces más posibilidades de entrar en una UCI.”

Por eso, ambos expertos coincidieron en la necesidad de seguir insistiendo en mantener las medidas que ayuden a prevenir el contagio, como el uso de las mascarillas, mantener las distancias sociales y evitar los espacios cerrados. “Tenemos que protegernos de la enfermedad grave vacunándonos y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de contagio. Son las dos patas para poder llegar a controlar la situación”, destacó Antoni Trilla.

Tampoco dudaron en mostrarse preocupados por el hecho de las bajas tasas de vacunación de algunos países, sobre todo de aquellos con menos recursos. Aunque más de un 50% de la población mundial tiene al menos una dosis, en esos países de bajos ingresos la tasa es tan solo de un 5%. “Eso no nos ayudará a solucionar el tema, porque, si tenemos mucha transmisión en países de África, Asia o América del Sur, el virus tiene una mayor capacidad de mutar”, comentó Carmen Cabezas, mientras que Trilla añadió la necesidad de vigilar si las nuevas variantes tendrán la posibilidad de escapar al control de las vacunas mientras se espera que se pueda desarrollar una que sea capaz de evitar el contagio, y no solo prevenir el desarrollo de una enfermedad grave.

Pero, mientras exista la necesidad de mejorar las tasas de cobertura en algunos países, otros plantean un posible dilema moral con la idea de la tercera dosis de refuerzo. “Esto es una falsa dicotomía, ya que no es cierto pensar que si nosotros no ponemos terceras dosis entonces se vacunarán en países africanos. Esto no es exactamente así”, señaló Antoni Trilla, destacando la importancia de realizar campañas ordenadas y lo más rápidamente posible que ayuden a conseguir un 70% de cobertura mundial.

La evolución de la pandemia presenta muchos retos, tanto en el terreno de la investigación como en el ámbito asistencial, que son fundamentales a la hora de controlar y erradicar el peligro que supone la enfermedad. La aparición de nuevas variantes refuerza la necesidad de actuar con rapidez, y en este sentido la coordinación entre entidades sanitarias debe ser fundamental. En el debate se pone de manifiesto que aún queda mucho por recorrer y que la pandemia no ha hecho más que poner de relieve las debilidades y fortalezas del sistema sanitario. Y esta es una lección cuyo aprendizaje es clave para el futuro de la sanidad.

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